Formación y consultoría en la aplicación del humor al trabajo

¿Por qué ríe siempre Santa Claus?

Llega la Navidad, y para irnos preparando, qué mejor que hablar del amor y del humor, dos fenómenos muy propios de esta época (basta pensar en Santa Claus y los Reyes Magos, esas pequeñas bromas amistosas que gastamos a los más pequeños).

Victor Borge, el genial cómico-pianista danés, dijo en una ocasión que “la risa es la distancia más corta entre dos personas”. Esta ingeniosa y casi geométrica definición revela uno de los aspectos más interesantes de la risa: su naturaleza social.

Si te fijas, la risa casi siempre sucede en compañía de otras personas. Según algunos estudios, es hasta 30 veces más frecuente. Sobre todo, reímos más y con mayor intensidad cuando hay confianza, amistad y complicidad en el grupo. Al ver el vídeo de Borge tocando el piano, la presencia virtual de Borge y las reacciones de su público facilitan nuestra risa. Pero si lo vuelves a ver en familia, o con un par de amigos, probablemente te «tronches» aun más.

Hablando de troncharse, el mecanismo de la hilaridad parece diseñado para que los demás vean y escuchen esta curiosa explosión emocional. Es un auténtico alboroto visual y auditivo. Y como es bien sabido, se trata de un fenómeno muy contagioso –basta observar y escuchar a alguien reír para empezar a sentir la emoción como propia, incluso sin tener ni idea de qué ríen. Prueba con este video (de nuevo, a ser posible, visualízalo junto a unos cuantos amigos):

El efecto cohesivo

Pero algo aun más interesante sucede cuando coincidimos en la risa. O sea, cuando nos reímos de lo mismo que las otras personas que ríen.

Una comunión espontánea de risas celebra una visión compartida sobre la situación y sobre la vida. Nos sentimos identificados con los demás, que parecen estar de acuerdo con nosotros en verle la gracia al asunto. El humor es como un cemento social que con el paso del tiempo va reforzando las relaciones entre los amigos, familiares y seres queridos con los que reímos.

De hecho, una medida de la intimidad que tenemos con otra persona es precisamente la medida en que somos capaces de quitarnos la máscara de la seriedad y entrar en juego con él o con ella. Los amigos son las personas con las que reímos, y cuando buscamos pareja, uno de los criterios más importantes es sí nuestra potencial media naranja se exprime de la risa en las mismas situaciones. 

El humor para reducir las tensiones

El efecto cohesivo del humor puede ser muy útil cuando existen tensiones en una relación o en un grupo. Los antropólogos han descubierto que en muchas sociedades tribales como la de los pigmeos africanos, las disputas las resuelve una especie de “payaso” de la tribu que hace de moderador, cuyas herramientas principales son el ingenio y las bufonadas que emplea para hacer reír a las partes enfrentadas. Y también entre nosotros sucede a menudo que una broma en el momento adecuado consigue derretir el hielo en una discusión acalorada. De hecho, es una cualidad muy valorada en líderes y negociadores.

Conozco a un maestro de escuela, ya jubilado, que hace algunos años montó una fiesta que casi acaba como el rosario de la aurora. En un momento dado, dos de sus invitados comenzaron a debatir una cuestión política, y la combinación explosiva del calor, el alcohol y la ideología desencadenó la ira de ambos, que llegaron a insultarse y a amenazarse a voces. El anfitrión, que tiene un gran sentido del humor y mucha experiencia con las riñas de sus alumnos, corrió rápidamente a su enorme biblioteca, escogió un libro de Jonathan Swift, y corrió al balcón del primer piso de su casa, desde la cual podía dirigirse a todos los invitados.

“¡Un momento!”, gritó a la muchedumbre, arremolinada en torno a la pelea. Los puños alzados en el aire se congelaron, y todos escucharon, extrañados, a este profesor comenzar a declamar uno de los ensayos satíricos más célebres y disparatados de la literatura inglesa, “Una humilde propuesta”. La extrañeza se tornó curiosidad, la curiosidad en sorpresa, la sorpresa en diversión y la diversión en un auténtico concierto de risotadas. El humor había conquistado la ira y consiguió reestablecer el tono festivo del encuentro. 

Relaciones bromistas

Otro curioso fenómeno que identificó el antropólogo Radcliffe-Brown es el de las relaciones bromistas, que se da en muchas sociedades agrícolas y pastorales entre ciertas categorías sociales que suelen experimentar fricciones. El caso clásico es el de la relación con la familia política, por ejemplo entre la suegra y el yerno. En estas sociedades se permite e incluso se espera que estas personas se gasten bromas mutuamente (y sin ofenderse), al parecer para suavizar una relación que por su naturaleza puede generar tensiones. También son habituales este tipo de relaciones entre clanes y aldeas vecinas con las que podrían existir rivalidades, o incluso con las que históricamente han habido tensiones y guerras. (Nota: ahora que en España y en Europa nos estamos volviendo cada vez más tribales, a ver si nos mandan desde Africa algún buen payaso ritual de esos…)

Radcliffe Brown estudió las relaciones bromistas en tribus africanas, pero también existen en nuestra sociedad, aunque normalmente son menos formales. En los platós de cine, por ejemplo, donde los profesionales tienen que compartir muchas semanas de trabajo juntos, a veces en circunstancias difíciles, los actores y actrices a menudo se gastan bromas entre ellos (basta googlear «on set pranks» para encontrar numerosos ejemplos). En el siguiente video podemos apreciar, en un rodaje de los «X-Men», la aparición por sorpresa de un superhéroe que no forma parte precisamente de aquel universo comic…

El lado opuesto de la moneda

Evidentemente, la risa puede también dividir, en diversas circunstancias:

  • Si alguien se ríe, y no sabemos por qué ni de qué, nos podemos sentir excluidos (o incluso amenazados)
  • Si una broma no se entiende, resulta poco graciosa, o peor aun ofende, nos puede alejar de quién la propone o se ríe de ella
  • Si directamente se burlan de nosotros, de forma agresiva, la risa puede tener consecuencias muy nefastas.

Este último caso es el más peligroso de todos. La burla, el ridículo y el sarcasmo son tipos de humor en los que además de podernos reír con alguien, nos reímos también de alguien, excluyendo, marginando y rechazando a esta “diana” del humor. Por cierto, es algo más habitual de lo que nos gusta reconocer. Todos los estudios y la experiencia cotidiana demuestran que reírse del otro es un pasatiempos universal, sobre todo a espaldas de la víctima. Pero hay que tener en cuenta que este tipo de humor puede provocar daños colaterales.

¿Donde están los límites? ¿Hasta donde podemos llegar? Pues depende del contexto, del momento, de la forma de expresarse y sobre todo de quien tenemos delante. Seguramente dedicaremos futuros posts a este espinoso tema, que últimamente ha generado bastante controversia (Hace poco me entrevistaron junto a Dani Mateo y otros humoristas en este reportaje de Sin Filtros sobre el asunto). En cualquier caso, cuando nos dirigimos a un público abierto, y sobre todo en entornos profesionales, conviene emplear el humor positivo, o sea, humor compartido y no agresivo ni ofensivo. Y si le pisamos el callo a alguien sin quererlo, habrá que seguir el consejo de la abuela y pedir perdón. O atenernos a las consecuencias.

Estudios científicos sobre amor y humor

Si evitamos estos escollos, el humor se convierte en un auténtico imán. Numerosos estudios han demostrado que cuando dos o más personas comparten un rato divertido y ríen juntas, se crea un fuerte efecto cohesivo.

He aquí algunos ejemplos:

En general, las personas que puntúan alto en tests del sentido del humor, y especialmente en estilos de humor positivos, tienden a estar más satisfechas con sus relaciones sociales en general, y además puntúan alto en aspectos clave de la vida en pareja como la intimidad, la empatía, la asertividad social y la confianza interpersonal.

No es de extrañar, por lo tanto, que ese hombre rollizo que reparte regalos a todos los niños del mundo ría tanto y con tan buen rollo.

Jugar en equipo

El efecto cohesivo del humor es uno de los motivos más importantes para tomarse muy en serio el humor en el ámbito laboral. Cualquier empresa es también un entorno social, donde las emociones positivas pueden desempeñar un importante papel integrador. Si queremos trabajar en equipo, habrá también que jugar en equipo, celebrar en equipo, y de vez en cuando incluso bailar y cantar en equipo. La fiesta de Navidad suele ser una perfecta ocasión para ello.

Por cierto, Felices Fiestas. ¡Y no te olvides de celebrar también el Día de los Inocentes!


Adaptado de mi libro Amor y Humor: Las claves científicas de las risas contagiosas, las comedias románticas, el sexo divertido y las locuras de amor.


 

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