Formación y consultoría en la aplicación del humor al trabajo

Dos científicos locos que ganaron el Premio Nobel

(NOTA: Esta entrada completa la anterior: Como multiplicar tu creatividad por 5 –y no es broma)

¿Te suenan los nombres Andre Geim y Konstantin Novoselov?

¿No?

Claro, como no son futbolistas… Ni estrellas del pop… «Solo» ganaron el Premio Nobel de física en 2010, por quizás el descubrimiento científico que más revolucionará nuestras vidas en los próximos años.

Hablamos del asombroso grafeno, un material compuesto de carbono puro en un patrón hexagonal, una lámina de un átomo de espesor. Es 200 veces más resistente que el acero, y 5 veces más ligero que el aluminio. Para que te hagas una idea, un gato podría balancearse tranquilamente sobre una hamaca prácticamente invisible de este tejido. Dicen que en el futuro, el «supermaterial» permitirá enormes avances en casi todo: aviación, energía, informatica, medicina, fotografía, medio ambiente…

El secreto de los Nobel

Pensarías que para aislar y detectar algo como el grafeno, Geim y Novoselov habrían empleado algo tremendamente sofisticado como un acelerador de partículas, superimanes, o al menos un poco de nitrógeno líquido. Pues no.

Lo que usaron realmente fue algo que tiene cualquier niño en su estuche de lápices. Un sencillo trocito de celo.

¿Que no te parece muy serio? Bueno, es que Geim y Novoselov son unos científicos bastante peculiares. Desde hace años, se dedican a realizar toda clase de pruebas aparentemente disparatadas que ellos mismos han bautizado «los experimentos del viernes por la noche».

Científicos locos

En estas sesiones, la pareja de investigadores abandonan sus estudios habituales, y todo lo preconcebido, para divertirse con todo lo que tienen a mano, dejándose llevar por la pura curiosidad. Como hacen los niños.

A lo largo de los años han trabajado sobre asuntos tan curiosos como un adhesivo que permitiría escalar las paredes como Spiderman o la levitación de seres vivos como una muy sorprendida rana…

Gracias a este último hito, Andre Geim recibió en 2000 un Premio Ig Nobel, uno de esos galardones medio en broma que dan en Harvard a logros científicos «que primero te hacen reír y luego pensar». Para que te hagas una idea, aquí tienes otros tres ejemplos de los galardonados en este certamen:

  • IgNobel de Matemáticas: Nic Svenson y Piers Barnes por calcular el número de fotos que deben sacarse para (casi) asegurar que nadie tendrá los ojos cerrados en una foto.
  • IgNobel de Medicina: Francis M. Fesmire por el caso titulado “Terminación del Hipo Intratable Mediante un Masaje Rectal Digital”.
  • IgNobel de Biología: Bart Knols y Ruurd de Jong por demostrar que el mosquito de la malaria se ve atraído en igual medida por el queso limburger y el olor de los pies humanos.

Konstantin Novoselov resume así la filosofía de su ciencia juguetona: «Hacemos todas las locuras posibles, que muchas veces no conducen a nada, pero que a veces nos dan grandes sorpresas». Y fue esta actitud la que les condujo a juguetear con un trocito de celo sobre un bloque de grafito, dando lugar al descubrimiento del siglo. Tras ganar el Premio Nobel, Andre Geim sentenció:

«las personas que no tienen sentido del humor no pueden ser buenos científicos».

Tenía mucha razón. Y ahora veremos por qué.

La chispa del ingenio

El humor y la creatividad tienen mucho que ver, y su relación ha sido comprobada en numerosos estudios científicos, como ya contamos en nuestro anterior post. Si lo piensas, tiene mucho sentido. El juego de los niños es la creatividad en su estado más puro. Cuando se disponen a jugar, crean historias y mundos en los que el error no existe y la creación es un fin en sí mismo. Se vuelven espías, leones, acróbatas, robots, ladrones de guante blanco, intrépidos piratas…

Al mismo tiempo, la creación es una actividad fundamentalmente lúdica –o te diviertes, o las ideas se esfuman. Los profesionales de la creatividad esto lo saben por experiencia. David Ogilvy, fundador de imperio del márketing Ogilvy & Mather y conocido como el “padre de la publicidad”, lo expresó así: “Si la gente no se divierte, difícilmente crearán buena publicidad. Destruye el mal humor con la risa. Mantén un ambiente informal. Fomenta el entusiasmo.”

¿En qué consiste la creatividad?

La gente a veces cree que la creatividad consiste en inventar cosas nuevas. Pues no. ¿De donde sacarías algo totalmente nuevo? Eso sólo lo hacen los magos. La creatividad consiste más bien en combinar cosas que ya existen, pero de una manera original: las palabras de un poema, los colores y las formas de un cuadro, las piezas de una máquina.

En este sentido, la labor del científico, del inventor, del artista se parecen mucho a la labor del bufón. Podría pensarse que la diferencia es que el bufón combina a lo loco, mientras que los demás tratan que combinar con criterio. En realidad todos estos profesionales combinan un poco «a lo loco», para luego escoger la combinación ideal.

Y es que la gente suele creer que la invención genial suele llegar en un destello de inspiración, de un plumazo, con un grito de “¡Eureka!”. Pero no. Normalmente, la combinación de ideas perfecta no llega en seguida, sino que requiere decenas, cientos o incluso miles de pruebas –y errores. Hay que fracasar mucho de camino al éxito.

Thomas Edison tuvo que probar más de 10.000 filamentos minerales y vegetales de todas las proveniencias imaginables hasta que dio con el tungsteno, un material que se iluminaba al atravesarlo con electricidad sin llegar a reventar enseguida. Y así es como se inventó la bombilla, el símbolo universal de la creatividad. No nos extrañe que definiera Edison el genio como “1% inspiración y 99% transpiración”.

Reírse de los fracasos

Por este motivo es tan importante crear en un contexto lúdico. Si no somos capaces de reírnos de los fracasos, y tomárnoslos a chiste, nunca tendremos la paciencia para llegar a la combinación ideal. Si no nos atrevemos a hacer el ridículo proponiendo una infinidad de ideas malas, nunca llegaremos a la buena. De hecho, una infinidad de inventos, como el microondas, el Velcro, el Teflon o los Corn Flakes proceden de errores, accidentes e “ideas tontas” –los Post-It, por ejemplo, se crearon a partir de un adhesivo demasiado débil.

Y es que el inventor necesita también ser un poco bufón. ¿Cuantas veces le habrían explotado a Edison sus bombillas en plena cara? Ni se sabe. Pero seguramente él y su equipo sabían encontrarle el lado gracioso al asunto. De hecho, otra de las frases célebres que se le atribuye al inventor de la bombilla (y del gramófono, los rayos-X y hasta 1000 patentes más) es que “no he trabajado ni un día en toda mi vida –todo fue diversión”. Quizás no lo sepas, pero su laboratorio se anticipó en cien años al modelo de oficina lúdica de Google, con un órgano de tubos, chistes en los cuadernos de trabajo y hasta un oso de mascota.

Laboratorio de Menlo Park de Thomas Edison

El laboratorio de Edison, con el órgano visible al fondo. Foto de Andrew Balet

Ves preparando el smoking

O sea que ya lo sabes. Si quieres ganar el premio Nobel, o tener éxito en cualquier campo creativo, no te tomes el trabajo con demasiada seriedad. Sigue los pasos de Andre Geim y Konstantin Novoselov, y diviértete un poco por el camino.

Para más información, te dejamos este link a un artículo científico que resume la investigación científica sobre humor y creatividad, y este vídeo, en el que puedes escuchar a Geim en sus propias palabras (eso sí, ¡en inglés con acento ruso!)…


Esta entrada y la anterior han sido adaptadas de nuestros libros Alta diversión: los beneficios del humor en el trabajo y El sentido del humor: manual de instrucciones.


 

 

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